Opinión: Algunas notas sobre la eficiencia energética

España es un país pobre en combustibles fósiles, tenemos carbón, pero la mayoría es malo y muy costoso de extraer, nada competitivo respecto a la minería a cielo abierto alemana o polaca. Por otro lado, producimos petróleo y gas para llenar los mecheros, pero poco más. Recientemente, se ha descubierto la posibilidad de extraer gas mediante técnicas de fractura hidráulica o fracking, muy peligrosas, tanto para la salud humana como para el medio ambiente. Por último, de uranio, imprescindible para las centrales nucleares, también tenemos algo, pero ha de ser procesado fuera para convertirlo en combustible. Como resultado, importamos cerca del 80% de nuestra energía primaria y nos hemos convertido en el país de la UE con mayor dependencia energética. Todo esto se traduce en un déficit en nuestra balanza comercial con el exterior, de hecho, sólo la partida de energía supone más de 45.500 millones de euros por año.

Las únicas energías autóctonas de las que disponemos son las renovables: disfrutamos de la mayor cantidad de horas de sol de Europa, contamos con una industria de energía eólica puntera y capacidad para seguir desarrollando la geotermia de alta y baja entalpía, la maremotriz y undimotriz, así como la biomasa que genera nuestro campo y nuestros bosques.

Las emisiones de CO2 del sector eléctrico peninsular han aumentado en 2012 un 11 %. Este repunte de las emisiones es consecuencia principalmente del aumento de generación con carbón, en parte importado de países como sudáfrica y Polonia

España tiene actualmente el precio de la electricidad más caro de toda la Europa continental, y eso sin contar el famoso déficit de tarifa, podríamos hablar de qué lo ha generado, pero hoy nos toca hablar de eficiencia energética.

El precio de los distintos combustibles fósiles es muy superior a la del coste de la vida, con subidas anuales del 10%-15% sostenidas en el tiempo. Estas cifras son dramáticas para las economías familiares, pero también para nuestra competitividad económica ya que poco podemos hacer desde España para influir en el precio del petróleo.

 

Las alternativas

En este contexto queda claro que la apuesta por las energías renovables es imprescindible, pero incluso siendo viable una producción de energía 100% renovable lo más lógico parece en primer lugar reducir nuestro consumo al mínimo, ya sea mediante buenas prácticas o bien mediante la eficiencia energética, sólo de esta manera podremos cubrir nuestras necesidades de energía de forma sostenible ecológica y económicamente en el tiempo, lo contrario sería un suicidio lento y agónico.

La eficiencia energética trata de reducir el consumo de energía sin necesidad de perder prestaciones, se puede aplicar a cualquier equipo que consuma cualquier energía, los primeros en comenzar a hacerlo fueron la industria del motor, hace ya años que se esfuerzan por fabricar coches con un menor consumo o aviones más eficientes. Se trataría de extenderlo al resto de equipos consumidores de energía, la rehabilitación energética de edificios es un campo que podría generar muchísimo trabajo en el sector más dañado por la crisis: el de la construcción. Se podría aplicar a multitud de campos como el aislamiento térmico, climatización, ventilación, iluminación etc.

Existen directivas europeas que exigen la calificación energética de edificios públicos y va con retraso la de particulares, esto supondrá poner una etiqueta de calificación energética como la de las neveras y demás electrodomésticos a las casas, es obligatorio en edificios públicos desde hace más de un año y yo aún espero ver la primera. Concienciarse es lo primero para reducir el consumo, seguro que a cualquiera os pregunto cuanto consume vuestro coche y sabéis decírmelo, es más, también sabéis si es mucho o poco en comparación con los demás, pero, ¿qué pasa si preguntamos por el consumo de casa?¿Y el de la oficina? Ni idea.

El primer paso para reducir nuestro consumo de energía es hacer una auditoría energética o una calificación energética, ello nos dará una hoja de ruta a seguir sobre las posibilidades que presenta nuestro edificio para reducir su consumo energético, nos dará datos aproximados sobre porcentaje de ahorro, coste de la inversión y periodo de amortización.

Existen herramientas que nos muestran cuánto y cuándo están consumiendo nuestros equipos, con las que podemos comprobar si de verdad se producen esos ahorros. Incluso hay empresas que están dispuestas a llevar a cabo las inversiones a cambio de quedarse con los ahorros, imaginaos las posibilidades.

Si entramos en detalles podríamos hablar de las nuevas generaciones de calderas, hay varias tecnologías que están disputándose el mercado, las calderas de condensación con gas como combustible han superado ya el 100% de rendimiento, la cogeneración consume gas para generar calor y electricidad, las de pellet o biomasa también son una opción muy recomendable salvando los inconvenientes de cualquier combustible sólido y, por último, tenemos la geotermia (si la obra es de nueva construcción), cada una con sus pros y sus contras.

En iluminación ha llegado la revolución del LED (Diodo Emisor de Luz). Con una vida útil 50 veces mayor que la incandescente y 5 veces la de una bombilla de bajo consumo, también llamada fluorescente, las LED consumen la mitad que las fluorescentes y sin la necesidad de equipos auxiliares el ahorro llega al 66%, o un 92% si lo comparamos con una tradicional. Pero cuidado, no es oro todo lo que reluce, pese a sus múltiples ventajas es una tecnología en desarrollo, se vende mucho muy malo, pero ya se comercializan con 100 lm/w de rendimiento, con garantía de hasta 5 años y sigue mejorando, en el futuro toda la iluminación será LED, pero hoy no debemos olvidarnos de las lámparas fluorescentes compactas y de las de inducción magnética.

El aislamiento o la falta de él provoca que el 70% del consumo en climatización se pierda a través de la fachada, principalmente a través de las ventanas, lo ideal es tener ventanas dobles con cristales con rotura de puente térmico y perfilería de PVC, pero para ahorrar también basta con asegurarse de que cierren bien pasando una llama por las juntas.

Como veis hay infinidad de posibilidades de reducir el consumo, pero la más inteligente de todas es el uso racional de la energía.

Emilio Sainz Rodríguez
Activista de la Red Equo Joven

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