¿Cuánto cuesta un Londres-Madrid?

Depende de cómo lo midas. Para un viaje de ida, más o menos lo siguiente:

30kg de CO2, diecisiete horas y 150€ (tren)
50kg de CO2, treinta y una horas y media y 75 € (bus)
250kg de CO2, dos horas y media y 35€ (avión).

Está claro qué sale más barato… ¿no?

Mirando viajes para venirme a España este mes de junio, me veo enfrentado al problema de siempre. ¿Puedo permitirme este viaje? Las empresas compiten por bajar precios y conseguir cuota de mercado. Sin embargo, el coste pasa totalmente desapercibido.

“Bueno, pero el coste influye en el precio, ¿no?” os preguntaréis.  La realidad es que nos movemos en un sistema en el que los combustibles fósiles están subvencionados. En realidad, la mayoría de la energía que usamos está subvencionada. Antes de la revolución industrial, cada año sólo podíamos usar, como mucho, la energía solar cosechada ese año: la comida producida para animales y personas, la madera para quemar, e incluso el viento que movía los molinos de trigo y demás.

Pero después descubrimos el “oro negro”. Una substancia densa en energía, recogida, transformada y concentrada a lo largo de millones de años: el petróleo. Ahora podemos usar la energía que acumularon plantas y animales durante cientos de años… cada año. Traducción: estamos tomando la energía prestada.

Los precios no representan el coste real de esta energía. Tampoco representan el coste de capital humano o ecológico que nos está costando el cambio climático – ya “inequívoco”, aunque ésta es otra historia que será contada en su momento. Ni el riesgo que ya hemos aprendido a asociar a nombres propios: “Golfo de México”, “Prestige”, o “Exxon-Valdez”.

¿Que qué tiene que ver esto con el dilema del viaje Londres-Madrid?
Pues que un vuelo cuesta cinco veces más que un viaje en bus, y ocho veces más que un viaje en tren, en cuanto a calentamiento global, pérdida de biodiversidad o agotamiento de recursos finitos. Pero sólo la mitad o una quinta parte respectivamente en términos monetarios. Ni siquiera tiene sentido mirando el nivel de “utilidad”: un medio de transporte más rápido y cómodo, ¿no debería ser más caro?

Sólo tengo X€ e Y horas que invertir en mi viaje. Pero las Z toneladas de CO2 que me corresponden (¡a menos que no creamos en un reparto igualitario de los recursos!) no figuran en ninguna parte.

Ante todo esto… ¿Qué podemos hacer?

A nivel personal, volar menos.
Está claro que hay ocasiones en las que hay que volar: operaciones, juicios, incluso reuniones importantes “exprés”. Pero también es verdad que no siempre hay que volar. Reuniones y trabajos que se pueden hacer on-line. Viajes que se pueden hacer por tierra – un Londres-París o un Barcelona-Madrid, por ejemplo, ya salen más a cuenta en tren de Alta Velocidad. O vacaciones en sitios más cercanos.
Al fin y al cabo, no votamos sólo cada 4 años. Cada vez que compramos – o dejamos de comprar – algo (gasolina, un viaje, ropa, comida) estamos “votando” en la dinámica oferta-demanda. Las empresas pueden llegar a reaccionar más rápida y radicalmente que los gobiernos. Es decir, a nivel personal – si nos ponemos de acuerdo – podemos cambiar la economía.

A nivel político, cambiar las reglas del juego.
La expresión “regulación del mercado” puede sonar horrenda. El estado burocrático entrometiéndose en el libre comercio. Pero igual que entendemos que “da igual” lo que cueste la agricultura (todas y todos tenemos que comer) o la sanidad pública (la atención médica no puede estar reservada a las clases altas), ya hay quien propone cosas tan “radicales” como eliminar las subvenciones a los combustibles fósiles, incentivar el transporte por tierra o el trabajo a distancia dando alternativas reales, poner un precio a las emisiones de CO2, o incluso poner “cupos” de emisiones de CO2 a la población – de nuevo, otra historia que mejor contar aparte.

Lo peor (¿o lo mejor?) de todo esto es que no queda otra. Aunque quisiéramos seguir así, se nos acaba el combustible. Podríamos cultivar biocombustibles para seguir volando, pero luego no quejarnos de que sube el precio de los alimentos o estropeamos bonitos paisajes con feas cosechas. O podríamos no volar.

Pero los límites son los que son. Y ahora que estamos a tiempo, debemos tomar esa decisión:

Ahora que aún podemos, ¿hacemos esa transición por las buenas, adaptando nuestra economía y cambiando ligeramente nuestras costumbres?

¿O (nos) aprovechamos hasta el último momento, y la hacemos por las malas, con prisas y sin dinero?

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Sobre nosotros Joan

Joan Groizard es un mallorquín "exiliado" en Reino Unido, donde acaba de terminar la carrera y ahora ejerce de ingeniero de energías renovables. A través de su carrera, alguna conferencia, muchos libros y varios personajes conocidos aquí y allá ha ido desarrollando sus ganas por cambiar las cosas también a nivel social y político. De transmitir su concepción de por qué estamos como estamos, y qué podemos hacer. En su tiempo libre se dedica a leer, viajar en tren, o dar la paliza por FB o blog :D.

7 comentarios

  1. Muy Bueno el articulo ! nos hace pensar….y muy clarito el video en fase de humor, tambien nos hace pensar…! Gracias Joan .

  2. Buenisimo y clarificador.

    Un saludo!

  3. Enhorabuena Joan! Por cierto, no has contado la opción en bicicleta!!! Yo tengo un conocido que se fue de Valencia a Alemania en biciiiiiii!!! 😀

  4. La próxima en esta serie (ya más adelante) irá de dietas y bicicletas… un (100%) carnívoro en bici contamina más que un vegano en 4×4!

  5. Brillante Joan, brillante!

  6. Muy bueno el artículo. Con tantos medio de los que disponemos seguro que la empresa se puede ahorrar mucho dinero en “viajes de negocios”, pero sobre todo rebajar la huella muchísimo.El vídeo está muy chulo! 😉

  7. Creo que es de lo más acertado. Me ha gustado muchísimo tu manera de enfocar el tema, Joan. El vídeo genial también.
    Gracias por aportarnos tus ideas.

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